Todo empezó con una maleta. Carmen se fue un fin de semana fuera y dejó a Nilo a cargo de Arnaud. Las instrucciones eran claras: comida a sus horas, agua fresca, arenero limpio. Y nada de fiestas.
Nilo tenía otros planes.
En cuanto la puerta se cerró, el piso cambió de dueño. Nilo encontró la cerveza de Arnaud en el balcón. Después encontró el móvil. Y a media tarde llegó a una conclusión: un piso sin humanos es demasiado grande para un gato solo.
Así que publicó. Una corona, una lata, dos palabras y un hashtag. La noticia corrió por los balcones del barrio más rápido que cualquier grupo de WhatsApp.
Un piso sin humanos es demasiado grande para un gato solo.
Cuando Arnaud volvió a casa, la escena hablaba sola: latas abiertas, el balcón tomado y una cuenta de Instagram nueva llena de fotos. Nilo, tumbado como un patrón, ni se inmutó.
Entre los invitados había un atigrado naranja al que nadie había visto antes. Se llamaba Gato. Acabó la noche panza arriba, con gafas de sol, abrazado a una botella como si fuera suya.
Esa noche se conocieron Nilo y Gato. El patrón y el que duerme donde quiere. Desde entonces forman la banda.
Y así nació Cat Life
De un fin de semana sin humanos, una cerveza que no era suya y una regla que Nilo dejó escrita para siempre: no humans, no snitches. Lo que pasa en el balcón se queda en el balcón.
Lo que vino después lo estás viendo: calles, parques, terrazas, motos y una primera tirada de camisetas con el sello de la banda. Carmen volvió el domingo. Nadie le ha contado nada.
Nota de la redacción: ningún gato bebió ni fumó nada durante esta historia. El atrezo y la edición son cosa de humanos.